jueves, 14 de octubre de 2010

Una tarde cualquiera


Sí que hay diferencias entre el sol de una tarde de otoño y el de una de invierno. Tiene que haberlas, sobretodo porque me es imposible pensar que se pueda estar mejor que lo que estoy ahora mismo. Brisita refrescante, gallos, grillos, pajaritos, un montón de sonidos arrítmicos pero armónicos. En la mesa un mate cocido; mi primer mate cocido casero. Tengo una vaga idea en mi cabeza que insiste en recordarme en la infancia y oir o decirme (porque aunque creo que me lo decía mi mamá, pero no lo tengo tan claro): "El tomar mate cocido es de pobres..." ¿Y lo rico que está este? Posiblemente el mate cocido más rico que jamás haya probado. Todo es lo mejor. La mejor bocanada de aire, las emociones más hermosas que haya sentido. Cada decisión es claramente la mejor. Tanto es así que sin ser conciente soy la mejor tomadora de decisiones del mundo. Tuve la mejor educación del mundo. Tengo a la mejor mamá del mundo. Tengo las mejores reflexiones del mundo. Hago el bien. Aprendo. Muestro. Tengo a la mejor gente del mundo alrededor. Parece mentira que el mundo se haya desvirtuado tanto habiendo gente tan linda.
Con el paso del tiempo en mí se van respondiendo tantas incógnitas. El universo es tan sabio y tan hermoso que las puertas se destraban solas y cuando uno está listo para eso. Es genial, todo es precioso. Incluido Don Toño y su tatuada gorra roja que pasa con una escoba al hombro por allá a lo lejos.
Y hablando del mate cocido... siempre fui pobre. No sabría ni cómo ser rica. Y hoy elijo sentarme en la mesa de los trabajadores cuando están los jefes invitándome a la otra. Yo lo elijo porque yo soy eso. Despacito me voy volviendo capataz de algo pero sigo intentando aprender de todo. Y hoy, por fin, ya sé disfrutar de ese proceso, ya me da igual el final. Es mi mundo y en mi mundo soy lo mejor que puedo ser. Lo más igual a todos. Lo más lejos de mi forma. Lo más lejos de la conciencia que puedo estar ahora. Hay que seguir trabajando en ello, en alejarme de mis pensamientos, en dejar de identificarme con ellos. En dónde todos los mundos se juntan, se hacen uno, se complementan porque son lo mismo pero se enseñan cómo serlo. Son asombrosamente enriquecedores. Siempre tanto miedo al no ser nada que nunca percibí lo que realmente era. Necesitaba que me lo dijeran y aunque me lo repitieran, nunca terminaba de creerlo. Hoy soy. No soy nada. Simplemente soy. Ni buena, ni mala, ni mediocre... SOY.
Me encanta. Me gusta tanto ver y entender los procesos que no puedo dejar de agradecer a todos aquellos que sin saberlo me aportaron tanto. Tanta gente bella. Tanta gente horrible. Qué lindo equilibrio

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