Cómo describirlo?
Arranco con detalles estéticos: jeans blancos, camisa de manga larga, zapatos normales, cinturón de cuero, sombrero texano blanco y como de cuero acharolado. 61 años que parecen 42. Pelo negro, ni una cana. Bigote al uno y un poco de barba, pero al estilo machote. Patillas haciendo juego con el estilo más Elvis. 9 contornos de oro en los dientes y ojillos de travieso honesto.
El otro día se ofendió porque Maribel y Nata después de haberlas acercado a un lugar y regresarlas, no lo dejaron hacer 20 metros de más, que a él le significaba 1km. Ofendido, pero bien ofendido. En realidad más dolido que ofendido. La siguiente vez que la vio a Nata, se lo dijo, y se quedó tranquilo.
Lo que quiero contar de este hombre es una anécdota que hoy es tan solo eso, pero ayer casi casi me hace dormir en el cielo: literal!
Con mi termo y el mate (hago a todo el mundo tomarlo) me acerqué dónde estaban arreglando un camión, ahí estaban todos los que hacen el trabajo duro en el centro ecológico. La mayoría se fueron a hacer cosas y Don Romualdo se quedó conmigo. Y así fue hasta 5 horas después. Que si el dinero importa realmente en la vida, que si tiene 10 hijos suyos con su difunta esposa y que con la nueva tiene 3 más que los quiere como suyos, que si yo tenía dinero, que si mi madre, que un montón de cosas bonitas tanto de Nata como mías; y de mí (nosotras) hacia él. La charla fue sumamente amena. Los dos disfrutamos mucho contándonos muchas cosas. En un momento, tras pensar cómo poner en palabras lo que quería decirme, me suelta:
- Tu eres una gran persona. Se nota que te han bautizado. A ti se te nota el espíritu santo dentro.
- (Titubeando con gracia). Es que a mí no me bautizaron.
Nunca en mi vida había visto esa mirada. Ojos desilusionados, desorbitados, impotentes, incrédulos.
Piensa unos segundos y dice:
- Ya lo tengo. Yo voy a conseguir que te bauticen. El padre Álvaro es muy amigo mío.
Y ahí tuve que explicarle mi historia religiosa y la de mi familia.
Pero no se conformó. Ojalá le hubiera dicho que era de otra religión. Pero no, le dije que creía en cada uno de nosotros. Y para qué. Empezó a lamentarse por mí.
Ahí llegó justo Cecilia, la voluntaria nueva, y me sacó de ese aprieto. Al rato no volvimos al tema.
Así y todo, mis respetos hacia él son tantos, que estuve a un pelo de ir a bautizarme.
La noche terminó sacando camote del huerto a casi medianoche con la luna llena que parecía una farola.
jajaja que señor mas entrañable noo??!!
ResponderEliminarni penseis que me olvido ni un segundo de vosotras ehh!!!
muuuackkk!!!!!
Hoy me volvió a preguntar:
ResponderEliminar- "Ya te vas a animar a lo que te dije?"
- El qué?
- Lo de bautizarte.
- Ah, me lo pensé y es que no estoy muy convencida porque así como usted me dice que sí hay gente que me dice que no.
- Pero quién podría decir que no?
- Jajaja, los hay, los hay. Gracias por el talache, recién agarré la cerretilla también.
- Ah, claro, después me la deja ahí nomás.
- Buenísimo. Gracias.
- No hay de qué