viernes, 22 de octubre de 2010

Don Romualdo

Cómo describirlo?
Arranco con detalles estéticos: jeans blancos, camisa de manga larga, zapatos normales, cinturón de cuero, sombrero texano blanco y como de cuero acharolado. 61 años que parecen 42. Pelo negro, ni una cana. Bigote al uno y un poco de barba, pero al estilo machote. Patillas haciendo juego con el estilo más Elvis. 9 contornos de oro en los dientes y ojillos de travieso honesto.
El otro día se ofendió porque Maribel y Nata después de haberlas acercado a un lugar y regresarlas, no lo dejaron hacer 20 metros de más, que a él le significaba 1km. Ofendido, pero bien ofendido. En realidad más dolido que ofendido. La siguiente vez que la vio a Nata, se lo dijo, y se quedó tranquilo.
Lo que quiero contar de este hombre es una anécdota que hoy es tan solo eso, pero ayer casi casi me hace dormir en el cielo: literal!
Con mi termo y el mate (hago a todo el mundo tomarlo) me acerqué dónde estaban arreglando un camión, ahí estaban todos los que hacen el trabajo duro en el centro ecológico. La mayoría se fueron a hacer cosas y Don Romualdo se quedó conmigo. Y así fue hasta 5 horas después. Que si el dinero importa realmente en la vida, que si tiene 10 hijos suyos con su difunta esposa y que con la nueva tiene 3 más que los quiere como suyos, que si yo tenía dinero, que si mi madre, que un montón de cosas bonitas tanto de Nata como mías; y de mí (nosotras) hacia él. La charla fue sumamente amena. Los dos disfrutamos mucho contándonos muchas cosas. En un momento, tras pensar cómo poner en palabras lo que quería decirme, me suelta:
- Tu eres una gran persona. Se nota que te han bautizado. A ti se te nota el espíritu santo dentro.
- (Titubeando con gracia). Es que a mí no me bautizaron.
Nunca en mi vida había visto esa mirada. Ojos desilusionados, desorbitados, impotentes, incrédulos.
Piensa unos segundos y dice:
- Ya lo tengo. Yo voy a conseguir que te bauticen. El padre Álvaro es muy amigo mío.
Y ahí tuve que explicarle mi historia religiosa y la de mi familia.
Pero no se conformó. Ojalá le hubiera dicho que era de otra religión. Pero no, le dije que creía en cada uno de nosotros. Y para qué. Empezó a lamentarse por mí.
Ahí llegó justo Cecilia, la voluntaria nueva, y me sacó de ese aprieto. Al rato no volvimos al tema.
Así y todo, mis respetos hacia él son tantos, que estuve a un pelo de ir a bautizarme.
La noche terminó sacando camote del huerto a casi medianoche con la luna llena que parecía una farola.

2 comentarios:

  1. jajaja que señor mas entrañable noo??!!
    ni penseis que me olvido ni un segundo de vosotras ehh!!!
    muuuackkk!!!!!

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  2. Hoy me volvió a preguntar:
    - "Ya te vas a animar a lo que te dije?"
    - El qué?
    - Lo de bautizarte.
    - Ah, me lo pensé y es que no estoy muy convencida porque así como usted me dice que sí hay gente que me dice que no.
    - Pero quién podría decir que no?
    - Jajaja, los hay, los hay. Gracias por el talache, recién agarré la cerretilla también.
    - Ah, claro, después me la deja ahí nomás.
    - Buenísimo. Gracias.
    - No hay de qué

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